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GRAFFITI -
Todos estamos Atrapados
(Versión
final en etapa de corrección)
AGRADECIMIENTOS
A
mis hijos Matías y Martín por comprender el tiempo que invertí en este libro
y les resté a ellos.
A
Darío por ser mi fuente de inspiración constante.
A
Claudia Mazza por alentarme leyendo mis borradores y estimulándome para que no
abandone el proyecto.
A
Omar por leer, releer y corregir mis textos.
A
todas las personas que pasaron por mi vida, por haberme brindado la posibilidad
de vivir todas estas experiencias que hoy me convierten en lo que soy y de lo
que estoy orgullosa. Entre ellos mis padres, a pesar de todo lo sucedido.
PREFACIO
"En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es (...) El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo".
(J. L. Borges - EL ALEPH)
INTRODUCCION
Graffiti
es un libro de relatos totalmente original. Compuesto de Trios de Relatos que
convergen junto con una carta de despedida en un texto final.
Donde
los relatos 1,2,4,5,7,8 y 10 pueden leerse en forma independiente, pero los
relatos 3,6,9 y el Graffiti Final dependen de que la lectura del libro se
realice en forma cronológica ya que de otro modo resultan algo inconexos.
Estos
ultimos relatos estan basados en un juego de mesa cuya autoría tambien me
pertenece.
"Graffiti"
es un juego de construcción con bloques que combinaba la dificultad de armado con la complejidad de la sintaxis del
lenguaje.
Es
un libro que nace de un "dejarme fluir" y una serie de experiencias
personales almacenadas en mi memoria.
Simplemente
espero que les guste y lo disfruten la mitad de lo que yo disfruté al
escribirlo.
Alejandra
GRAFFITI
LEVEL ONE
1 - EL ASCENSOR
Así como lo había definido Gabriel García Márquez, así me sentía cuando estaba conectada. Internet era un lugar donde: "lo mágico puede transformarse en lo real con la misma facilidad que lo real en lo mágico (...) no hay un lugar que sea mas real, o mágico, que otro, porque todo puede intercambiarse y todo es parte de la misma realidad total."
Mi vida era así: una gran trama tejida a crochet con complicados puntos fantasía, una gran trama con grandes partes en las que el hilo del tejido estaba raído y desgastado por las polillas del tiempo.
Así había sido y parecía una función matemática predecible porque daba toda la sensación de que esto nunca cambiaría. Por más énfasis, letras góticas caligráficas y acentos que yo pusiera en mis nuevos proyectos, por más corrector ortográfico, por más ideales que fueran mis sueños, siempre como si se tratara de un espiral centrífugo descendente, todo en mi vida se trocaba en una lamentable desgracia.
Como aquella pesadilla de una noche de verano que recuerdo como una de las peores de mi vida y todavía hoy me ha dejado cierto rezago de pánico a los ascensores. Recuerdo que tomaba un ascensor en lo que sería algo así como un estacionamiento en un subsuelo en el piso -1. Me encontraba absolutamente sola esperándolo en el hall del subsuelo. Nadie siquiera transitaba por los pasillos. Ante las gruesas puertas de acero inoxidable apenas si lograba ver mi reflejo. Cuando llegó finalmente, las puertas se abrieron de forma automática, subí y presioné Planta Baja. Se demoró al menos un minuto en cerrar, lo cual me llamó poderosamente la atención, cuando faltaban unos centímetros para que mi dedo índice se pose sobre la tecla CERRAR PUERTA, repentinamente escuché un sonido similar al de una espada que corta el aire y las puertas se cerraron ante mí. Una sensación de gigantesca soledad hizo pie en lo más profundo de mis entrañas. El ascensor comenzó a descender, cosa que a veces sucede cuando lo llaman de un piso inferior. Yo miraba el número en el display que indicaba el piso en el que me encontraba. -2 ; -3; -4 , se regodeaba la inservible pantallita de leds rojos y yo me preguntaba ya cuantos pisos de subsuelo tendría aquel maldito edificio. -11; -12 ; -13 momento en el cual mi sensación de soledad pasaba a convertirse en una desesperación desesperada, puesto que además de la espantosa sensación de descenso sentía que comenzaba a faltarme el aire. -50; -51 y yo furiosamente presionaba el botón para que el endemoniado ascensor se detuviera, pero estaba bloqueado. -89; -90 ; -91 …… -98; -99 hasta que finalmente se detuvo. Sentía como si el corazón se me fuera a salir por los poros. Mis manos habían quedado empapadas en transpiración y mi cara cubierta de lágrimas. No recuerdo en que momento lloré pero evidentemente lo había hecho porque las lágrimas corrían por el cuello y se habían abierto tortuosos caminos sobre mi pecho por debajo de la blusa.
Escuchando tan solo el ruido de mi respiración agitada y entre cortada, con el latido de mi corazón desbocado de fondo, las puertas se abrieron mostrándome un piso semejante al subsuelo -1 donde lo había tomado, pero este estaba mucho más oscuro. Apenas una bombita de unos 25w, al fondo, macabramente iluminaba los pilotes que sostenían la loza.
Busqué en forma inmediata la escalera de servicio para comenzar el infinito ascenso. No tenía noción de cuanto tiempo y desgaste físico podría necesitar para lograr llegar a la Planta Baja nuevamente, pero tenía planeado que cuando esto sucediera jamás me subiría a otro ascensor.
Cuando hube subido al menos 20 pisos, ya mis piernas estaban agotadas. Pero no tenía pensado detenerme.
Llegando al piso -49 sentí que era inútil, que ya había agotado el cien por ciento de mis fuerzas y aún me quedaba el doble por recorrer.
-34; -33 , todo el recorrido a solas, en penumbras y los calambres que ya no me permitían un solo escalón más.
Faltaban apenas 20 pisos, pero el cuerpo ya no me respondía, y tal vez como pasa en la vida, uno nunca termina de aprender la lección por completo. En ese momento barajé la estúpida posibilidad de que el ascensor hubiera tenido un desperfecto técnico y que ya lo hubiesen reparado.
Salí nuevamente al hall donde estaba la puerta del ascensor y ante mi asombro, entre tantos pisos y subsuelos, este se encontraba esperándome justo en el -19, exactamente donde yo me encontraba, de puertas abiertas y con la luz encendida en su interior.
Entré, respiré hondo y rogué que realmente funcionara bien en esta oportunidad. Presioné Planta Baja y me encomendé a todos los ángeles de la guarda, vírgenes y santos de una religión en la que había dejado de creer hacía muchísimo tiempo.
Las puertas se cerraron y esta vez, no solo descendía sin parar sino que la velocidad que había adquirido era por triple superior a la normal, -98; -99; …… - 151; -152….
Noooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!! (Grité con todas mis fuerzas)
El grito me despertó, los ositos de peluche me miraban con sus plásticos ojos abiertos, ordenados prolijamente en fila sobre la almohada de la otra cama. Casi me pareció que mi muñeca de tranzas rubias y largas pestañas de poliéster había parpadeado.
No podía normalizar mi ritmo cardíaco, estaba fatigada por aquella espantosa y macabra pesadilla. Hasta que finalmente tomé conciencia de que era tan solo un sueño. Y permanecí sentada en la cama por al menos 2 horas temiendo volver a soñar lo mismo.
Si bien no podemos recordar la inmensa mayoría de los sueños, este había quedado grabado en mi memoria con amplio lujo de detalles. Aún hoy pretendo interpretarlo, creo que muchas veces en la vida uno se siente así. Creo que la vida te da lecciones, pero nunca logro entender que hace la mente con ellas, porque volvemos inexorablemente a tropezar con la misma piedra, solo que la segunda caída duele mucho más, porque además del golpe, duele la estupidez, la falta de cordura, duele la insensatez de haber caído nuevamente.
Así que si bien tenía conciencia de que la mala o la buena suerte depende de nosotros mismos, de lo que hagamos o dejemos de hacer, de nuestra filosofía de vida, de nuestra voluntad de lucha, de que acometamos nuestras empresas equipados o no para triunfar en ellas, por algún mágico motivo alguna de las variables de la maldita ecuación en mi fórmula para la obtención de la felicidad y del éxito, no estaba en el lugar adecuado.
¿De echo que podría haber echo yo con diez meses de edad para que mi madre se suicidara? Esa ecuación, la primera de mi vida, ya no me cerraba en absoluto.
Es decir que desde el principio de los principios la maravillosa fórmula del éxito era un fraude, al menos para mí.
Todavía me maravilla la fortaleza con la que he superado estos y otros hechos varios de mi vida. Cuando me miro en el espejo por las mañanas a veces me asombra que yo aún esté ahí.
Pero aún estoy y muchas veces me sonrío.
Así fue como decidí dedicarme a relatar esta historia. Una mañana preguntándole al espejo, cuál es el motivo por el cual todavía estoy ahí, sentí como si me respondiera: "Para Contarlo".
2-
GANDARA y LONDRES
"Existe en el barrio de Parque Chas una manzana acotada por las calles Berna, Marsella, La Haya y Ginebra. No es posible dar la vuelta a esa manzana.
Si alguien lo intenta, aparece en cualquier otro lugar del barrio, por más que haya observado el método riguroso de girar siempre a la izquierda o siempre a la derecha."
HISTORIA DE LA MANZANA MISTERIOSA DE PARQUE CHAS
por Alejandro Dolina
Según mis planos la misteriosa manzana existía. Gráficamente no era posible perderse al recorrerla, y aunque en varias oportunidades estuve tentada de hacer el breve itinerario para certificar la veracidad del relato, confieso que aún no encuentro un momento libre para dedicarme a esta investigación. Aunque muchas veces creo que postergar esta tarea se relaciona con mis infantiles deseos de seguir sumida en la magia del relato y continuar creyendo que es imposible darle la vuelta en modo alguno.
Solo sabía que Parque Chas, ese pequeño pero controvertido barrio de nuestra inesperada Buenos Aires, era idéntico a una telaraña en la que la propia araña se pierde. Sus calles curvas, que a la vista del transeúnte simulan una rectitud incomparable, logran que el visitante termine deseando mínimamente, topar con algún alma caritativa que, además de no encontrarse tan perdida como el, le provea un par de coordenadas que le permitan comprender a la brevedad como salir del intrincado laberinto. Coordenadas que, finalmente inútiles, no lograrán más que hacerlo perder nuevamente.
Tal vez por ese motivo los taxistas, se resisten a entrar en su engorrosa geografía, motivo por el cual, terminan dejando a sus pasajeros en algún lugar cercano al dedálico barrio, o bien, en primera instancia negándose a realizar el viaje.
Sabía con absoluto rigor científico que en el corazón de Parque Chas se encuentran tres calles, que conforman seis esquinas, que algunas casas tiene formas redondeadas debido a que la geometría del barrio así lo exige, que Dublín, Gamarra y Londres son la misma calle aunque se llamen distinto y que dos personas pueden estar paradas en Gándara y Londres y encontrarse al mismo tiempo a cuatro cuadras de distancia.
Se hace difícil comprender la lógica de un cruce de dos calles, donde cuatro esquinas se encuentran en un lugar y las otras cuatro esquinas están a cuatro cuadras de distancia de las primeras. Nuestra mente, acostumbrada a un cruce simple donde las calles se cortan en forma transversal y permanecen en forma transversal a lo largo de todo su recorrido, solo nos permite un cruce de cuatro esquinas, con una única intersección, de modo que si dos personas se encuentran en dos esquinas distintas pueden divisarse y estar en contacto con solo cruzar la calle.
Parque Chas tenía finalmente el poder de desafiar la mediocridad y la lógica cotidiana.
En esa instancia, la dificultad de abstraer el cruce de Gándara y Londres, dado que en ese momento no tenía un plano a mi alcance, me obligó a tener que tomar lápiz y papel y buscar la manera gráfica en que se puede obtener esta geografía urbana. Finalmente luego de tres horas de esfuerzo lo logré.
Tracé una línea horizontal que me representara la calle Gándara. Debajo de ella escribí su nombre: "Gándara", para no confundirme cuando tuviera que interpretar la gráfica.
Sobre ella trace una circunferencia de modo tal que la circunferencia quedara dividida por la línea en dos semicírculos: uno superior y otro inferior. Al perímetro superior del círculo le puse la inscripción de la otra calle: "Londres". Y comencé mi análisis del bosquejo que había realizado.
Parándonos en el centro de la circunferencia, es decir en la calle Gándara, si una persona decidía caminar por esta calle en una dirección se encontraría con el cruce de Gándara y Londres con solo recorrer dos cuadras, y paradójicamente, partiendo del mismo punto pero caminando en la dirección contraria, también se encontraría con el cruce de Gándara y Londres, ya que ambos cruces son dos lugares distintos, separados entre si uno del otro por un tramo de cuatro cuadras.
Confiaba en que el análisis gráfico me ayudara a intentar resolver el hecho de: ¿Por que nuestras vidas tienen tantas calles circulares? , ¿Por qué no nos podemos encontrar si ambos estamos en el cruce de Gándara y Londres?, ¿Por qué estamos a cuatro cuadras de distancia el uno del otro?
Girando en torno a mis calles circulares estuve durante varios años a su lado, entre la ambigüedad de su esquizofrenia y su bien delineada neurosis, que por que habrían de alterarme, si no fuera porque reflejaban, aunque mas levemente, la efectiva presencia de las mismas patologías en mi propia persona.
Así estábamos el y yo. Y en aquel instante no se divisaba un futuro próximo con la más mínima mejoría en la dinámica de nuestra relación.
Lo nuestro consistía en un eterno desencuentro, en el que yo ponía mi absoluta y férrea voluntad para que las cosas se desarrollen siempre de la manera mas óptima, y el siempre desconfiaba de mi, violentándose desproporcionadamente para manifestar sus frustraciones. Y por que no confesar que entre tantos vaivenes, a esa altura de los acontecimientos, yo tampoco confiaba en el y también me terminaba violentando, a causa de ello. Como cimentando el concepto que expresa: que el ser humano no quiere reconocer pero combate en los demás lo que más detesta de si mismo.
La mayoría de las veces su enojo no tenía la más mínima relación con lo que sucediera en ese instante, sino mas bien con algo que le había sucedido durante el día, tal vez en su infancia o mayormente tenía más que ver con las: suposiciones, fantasías y nefastas elucubraciones que barajaba su mente.
Con el tiempo su paranoia y sus impetuosas necesidades de: controlarme, criticarme, hostigarme, vigilarme etc., le habían quitado el polarizado a los lentes con que yo lo veía, atrapada en la bruma del primer encantamiento.
Sin embargo, el sabía con exactitud como enceguecerme nuevamente. Conocía el punto exacto donde encender la chispa, de modo que en cuanto me tenía en sus manos, lograba hacer arder todos los combustibles fluidos de mi cuerpo. Con solo mirarme, hacía efecto su hipnotismo. Y allá iba yo, como una autómata, corriendo a sus brazos. Cuando lograba percibir su aroma o simplemente nuestros cuerpos se rozaban, entonces yo ya me encontraba nuevamente sometida a sus encantos y a todos sus caprichos, para recomenzar el interminable juego de dominancias y sometimientos.
Nos reencontraríamos al cabo de un largo año, en aquella esquina, a la cual llegué luego de tomar un taxi conducido por un jovencito inexperto en su primer semana de trabajo.
Mi pelo había crecido bastante, lo llevaba suelto. Sabía que eso lo cautivaba. Me había encargado de cada pequeño detalle de mi persona con el objetivo de reconquistarlo. Allí estaba yo, con mi vestido de grandes flores azules y de falda bien corta, para dejar visibles al máximo mis piernas bronceadas, esperando que aquel relámpago nuevamente quiebre el oscuro espejo de mi larga noche de oscuridad.
Mi celular comenzó a vibrar en mi bolso y mi ansiedad se desbocaba como un Pegasus:
Dijo -"¿Dónde estás mi vida?",
-"En Gándara y Londres, donde habíamos acordado".
-"Si, pero tenemos un problema. Vas a tener que caminar derecho cuatro cuadras, porque este barrio tiene calles circulares y acabo de averiguar que hay dos cruces que se llaman así. Yo voy para allá. Nos encontramos a medio camino".
Así que siguiendo sus instrucciones, comencé a caminar por Londres. Habiendo ya caminado más de dos cuadras, aún no nos habíamos intersectado. Me pareció algo extraño. No recordaba que el fuera de caminar lento. Es más, ni siquiera lo divisaba en la siguiente cuadra, lo cual realmente comenzaba a preocuparme.
Caminé más de cuatro cuadras, y aunque seguía en Londres ninguna de las calles que había cruzado se llamaba Gándara. Eso logró desorientarme.
Inmediatamente volvió a vibrar mi celular:
-"¿Me podes decir donde estás?" - dijo el con el tono sumamente alterado.
-"Estoy yendo para allá como me dijiste, no me grites"
-"¡Si hubieras venido para acá, ya nos tendríamos que haber encontrado!. ¡Siempre lo mismo con vos!. Yo ya estoy en Gándara y Londres. ¿Vos donde diablos estás?"
Comencé a correr. Deseaba que pronto alguna de las calles que cruzara fuera Gándara. Pude observar un taxi atravesando la esquina siguiente. Tuve la sensación que era el mismo en el que había llegado aunque no pude divisar al conductor.
- "¿Me podes decir donde diablos estás ? ¿Y por que estás tan agitada ?" - levantando aún mas el tono de la conversación.
Corrí unos metros más hasta que por fin la divisé. Sentí un inmenso alivio.
-"¡Mi amor, te juro que estoy en Gándara y Londres, no es la misma esquina de antes, pero no te veo por ningún lado!".
Estaba demasiado confundida respecto de lo que sucedía, fatigada por la corrida y el nerviosismo de la situación. Solo pude sentarme en el cordón de la vereda hasta que las lágrimas comenzaron a brotar.
La situación era harto conocida para mí, solo cambiaba el escenario.
Ambos estábamos en Gándara y Londres, nuevamente a cuatro cuadras de distancia.
Todavía y a pesar de los desencuentros permanezco atrapada en una calle circular. Atrapada en mi propia calle Londres que siempre me lleva de uno a otro extremo, y termina remitiéndome a uno de los dos cruces con Gándara, esperándolo inútilmente, atrapada en la química de su piel, en su aroma, en sus manos recorriendo mi cuerpo, en su furia intensa que me hace sentirme tan suya.
Después de cada desencuentro volvía la paz, una paz de la que yo desconfiaba porque predecía poco duradera.
Volvió a vibrar mi celular. Esta vez su tono de voz mostraba un poco más de buena voluntad - "Amor, no llores. Escucha mi vida." - Todo parecía volver a encaminarse.-"Yo voy para allá y vos venis para acá. No nos pongamos nerviosos. Fue solo una confusión."
- "Está bien mi amor." - respondí emprendiendo la marcha. En esta ocasión tomé la calle Gándara de modo de hacer las cuatro cuadras como habíamos convenido la vez anterior. No quería cometer el más mínimo error. No soportaba el estado en que el se ponía cuando las cosas no salían según lo planeado. De modo que esta vez no habría forma de desencontrarnos.
Nuevamente la vibración del cibernético aparato en mi cartera me obligaba a atender su llamado, - "¿Me podes decir por el "Amor de Dios" por que calle agarraste ahora?".
Otra vez sus nervios. Otra vez la impaciencia. - " ¡Fui por Londres!. ¡Hice un montón de cuadras pensando que ibas a volver por la misma calle que habías ido! ¿Siempre la misma estúpida vos no? ¿Siempre contradiciéndome?"
Esta vez decidí no contestar. Opté por apagar el celular y volverme a casa.
Automáticamente recordé un poema de Cortázar :
"No me des tregua, no me perdones nunca.
¡Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves!"
No se si a pedido mío o por obstinación personal, nunca se sabía cuando, pero él siempre volvía. Todo consistía en hacer girar la rueda. Cuando la rueda giraba a mi favor, el regresaba caminando lentamente por las calles de la culpa. Irónicamente nunca nos encontrábamos.
Daba la sensación que la vida nos citaba siempre, en cada acto, en un cruce con estas características. Como el de "Gándara y Londres", tan ambivalente, que se lo podría tildar de esquizofrénico.
Sabía que el fuego interior me obligaría siempre a dar vueltas y más vueltas en un permanente desencuentro. Pero por sobre todas las cosas comprendía perfectamente que: Londres y Gándara se cruzan dos veces, y a pesar de ello, jamás nos encontraríamos ni a medio camino, ni en ninguna de las ocho esquinas.
3 - PRIMER GRAFFITI
Una tarde de ocio, de intensa lluvia. Mi mente nunca se permitía ni un breve recreo. En una ambiciosa y compulsiva obstinación por permanecer encendida y creativa, entre los bloques de construcción de mis hijos, surgió la idea.
Separé 200 bloques del juego de estos 200 bloques 80 bloques eran simples y los 120 restantes eran dobles y además 20 de color negro de los cuales 10 eran simples y 10 eran dobles.
Comencé a escribir letras en sus laterales, tratando de utilizar las combinaciones del lenguaje castellano tales como: "mp" "mb" "nv" y otras como diptongos omitiendo combinaciones imposibles tales como "qc" o "hk" etc. También utilicé puntos que servirían para separar las palabras entre si. De modo que todos los ladrillos menos los negros tuvieran letras o puntos en su derredor, tanto los simples como los dobles, en todas sus caras.
El juego estaba pensado para 2 jugadores aunque tal vez se podría jugar de a tres (pero eso no estaba en mis planes), había que repartir todos los bloques en iguales cantidades para cada jugador y luego los bloques negros también 10 para cada uno, 5 simples y 5 dobles, de modo que ambos tengan las mismas oportunidades de construcción.
Se pactaba un tiempo entre ambos que rondaría entre los 10 minutos y media hora por partida, tiempo durante el cual cada uno debería construir una pared de modo que respetara las reglas de construcción aunque no se pautaba de antemano el ancho de la misma.
Es decir que se debía formar un bloque compacto de modo que al ir intercalando los simples y los dobles no se desarmara en partes, con la complicación de que al mismo tiempo que se construía había que armar una frase que respetara la sintaxis de la lengua castellana aunque no tuviera sentido alguno.
También estaba permitido poner un ladrillo doble que sobresaliera hacia atrás de modo que de frente sirva como un ladrillo simple, solo que este ladrillo no daba puntaje en la calificación final, puesto que el punto que otorgaba la letra lo quitaba el hecho de haberlo utilizado en forma inconveniente. Lo importante finalmente es que vista de frente la pared fuera lisa y con una frase legible independientemente de lo que sobresaliera detrás. Y además estaba permitido utilizar los ladrillos negros como comodines para reemplazar aquellas letras que no tenemos disponibles al momento de construir la frase.
Comencé a ejercitar el juego, repartiéndome a mi misma los 100 ladrillos (40 simples y 60 dobles) que correspondían como jugadora numero uno y los 10 negros, (5 simples y 5 dobles).
Cronometré estimando un tiempo de 15 minutos y comencé la construcción.
Empezaba a desesperarme cuando observe que en el reparto de piezas tenía combinaciones tales como "EÑ"; "SC"; "AT"; "RR", "OD", un par de "NC" ; con las que no sabría muy bien que palabras armar, si bien algunas de estas combinaciones podrían quedar del reverso de la pared por lo que no me servirían de mucho.
Tal vez, Señal, Sueño, leña, alguna frase con estas palabras se me ocurriría.
Lo mas divertido del juego es que uno arma cosas sueltas y luego va viendo como las puede combinar.
De a poco logre ubicar la RR en la palabra "CORR" así que probablemente si encontraba una "E" tendría que ser una frase que hiciera referencia a una carrera o algo similar. "Corre luego de la señal" pero lamentablemente no contaba con ninguna G para armar la palabra "luego", en todo caso podría utilizar un comodín, o quizás tal vez podría sustituirla por la palabra "después".
Con la combinación "OD" pense en la palabras "Codos", "Modos", "Todos". Solo Dios sabía que saldría de todo este embrollo y como suelo hacer en estas oportunidades, respiré profundamente preguntándome por que motivo no puedo tener mi mente ociosa. Muchas veces envidio a las mujeres que pasan horas con frívolas revistas en la peluquería poniéndose al tanto de las novedades de la moda. Pero realmente no me gustaría en nada parecerme a una de ellas. Así que continué con la construcción de mi "Graffiti".
Que demonios haría con la "AT", la palabra "Atareados" sonaba espantosa, pero también iba a necesitar adjetivos, así que si disponía de las letras siguientes tendría que utilizarla, pero lamentablemente por mas que miraba las piezas no conseguí encontrar la combinación de "AR" para proseguir construyendo esa palabra, más había encontrado la posibilidad de utilizar la palabra "ATRAPADOS"
El tiempo pasaba velozmente y yo había logrado apenas armar: *T-OD-OS ; *-LA-*C-AL-LE ; CL-AV-E*-ES pero mi mente no me ayudaba con las letras restantes a concatenar la frase, tal vez, "Todos corren por la calle y la clave es…." En fin… tenía que seguir intentándolo.
Vi que podía armar la palabra CO-RR-EM-OS, asi que debería enunciarla en plural. Y con la "SC" logré la palabra *A-SC-EN-SO, así que tendría que hacer que corran en ascenso o vaya a saber como podía utilizar el maldito sustantivo, pero finalmente en alguna parte los tendrían que atrapar corriendo.
Conseguí también armar la palabra *C-IR-CU-LO, pero un ascenso en circulo corriendo realmente no tenia idea como empalmarlo y finalmente "CLAVE-ES" que cuernos tenía que ver con todo este tema?.
Empecé a divisar que la cosa se ponía álgida y que no era tan simple como parecía. Uno no armaba la frase que quería sino la que quería el juego, era absolutamente azaroso tanto como divertido.
Algo empezó a darme escalofríos, sentía como si alguien estuviera conmigo dictándome palabras, el descubrir que realmente no era yo la que escribía la frase, sino el simple azar o quien sabe que poderosa musa inspiradora, sobre todo cuando comencé a hilvanar algunos renglones.
*T-OD-OS-*E-ST-AM-OS
*A-SC-EN-SO-R*-DE
*-LO-S*-SU-EÑ-OS-
S*-RE-CO-RR-EM-OS
S*-EN-*C-IR-CU-LO
Mis manos empezaron a transpirar a tal punto que los bloques estaban empapados y no sabia si me había puesto así de ansiosa y de nerviosa por los pocos minutos que me quedaban para terminar la frase, o por la frase misma que ya empezaba a tomar su forma sintáctica final.
Todavía me pregunto si existe el azar, la frase que finalmente logré construir respetando todas las reglas, sin uso de comodín alguno y sin bloques que sobresalieran por detrás decía:
"*T-OD-OS-*E-ST-AM-OS
*-AT-RA-PA-DO-S*-EN-*
EL-*A-SC-EN-SO-R*-DE
*-LO-S*-SU-EÑ-OS-*T-O
DO-S*-RE-CO-RR-EM-OS
*-LA-*C-AL-LE-*L-ON-D
RE-S*-EN-*C-ÍR-CU-LO
L-A*-CL-AV-E*-ES-*T-O
MA-R*-CO-NC-IE-NC-IA"
Se suponía que era yo la que jugaba. Irónicamente el mismo juego que construí había jugado conmigo.
GRAFFITI
LEVEL TWO
4
- RELOJ DE IMAGENES
Estaba extasiada escuchando su cadencia, el péndulo del reloj me había hipnotizado auditivamente. Su sonido, inconfundible en medio de la mañana. Cuando escuchamos de esta forma, el sonido del reloj nos permite percibir la ilusión en la que estamos inmersos. ¿Durante cuantos siglos el hombre se habrá quedado pasmado frente a un reloj o escuchándolo meditando acerca del tiempo? Y finalmente, ¿Cuál sería la conclusión más acertada de su definición? Vivimos en un continuo aquí y ahora, a los efectos del presente el tiempo ni siquiera existe, porque ese segundo que esta por venir, que pertenece al futuro, simplemente se marcha apenas ha llegado, pero ese mismo segundo se marcha engrosado con una serie de recuerdos. ¿Que queda del ayer? Tan solo la memoria, y el inasible mañana que aún no ha llegado es simplemente el próximo segundo que pugna por venir.
Así estaba yo meditando acerca del tiempo, de las imágenes que graban los recuerdos en nuestra mente. Porque muchos segundos que concatenados se convierten: en horas, en días, en meses de vida, se encontraban plasmados en mi memoria como imágenes: táctiles, olfativas, sonoras, visuales y también de las que se registran con otros sentidos mas internos que me resultan indescriptibles.
¿Y que maldita cosa se hace finalmente con ese gran álbum que uno almacena dentro? ¿Por que diablos la mente se obstina innecesariamente en recorrerlo? ¿Con qué absoluta necedad enterquecida la mente nos hostiga con flashes de esa inútil secuencia de diapositivas?
Y el reloj que no cesa en su cadencia, y cada segundo que trae una nueva imagen. Como si se tratara de un reloj de arena donde cada grano es una imagen proyectada.
Y ahí estaba yo ante mi, mi padre, totalmente ebrio, embriagado de estúpida soberbia, adormecido su sentido común. La imagen me traía el hálito de embriaguez, un olor a vino rancio de la peor calidad que todavía me eriza la piel. Enfurecido, enardecido con sabe Dios que fantasmas de su propio pasado, probablemente recorriendo su propio álbum de imágenes mentales.
Y ahí estaba yo con mis apenas 15 años que hoy suenan tan pocos pero que en ese momento eran todos los que tenía para someter a una adultez precoz. Viéndolo tambalearse, hostigándome con sus injustas críticas, predicándome una moral de la que carecía por completo. Deleitándose con su concepto de la amistad, sin haber tenido en su patrimonio siquiera alguien que se pueda preciar de amigo.
Cada segundo del reloj me devolvía otra imagen. Sentada sobre sus piernas, buscando que ese barquito de papel que me construía nos llevara a los dos a recorrer el mundo. En el bar, donde yo con 8 añitos era "La nena de Adolfo", "mi negrita", "mi chinita", poniendo aquella moneda en la fonola, la única moneda que tenía, intentando no equivocar la canción que me permitiera conectarme con él de una manera mágica. Era tan difícil llegar hasta él, como imposible que la maldita máquina no tragara mi única moneda.
Otra imagen. Sus últimos días. Recuerdo el momento en que le propuse que se viniera conmigo. No podía sostenerse en pie. Un cáncer que había comenzado en su hígado le impedía ya valerse por si mismo. Cirrosis Alcohólica. Lo recuerdo en su departamento de Amenabar y Monroe, yo juntando las últimas pertenencias y cerrando la puerta. "Todo se termina querida", esas fueron sus palabras. Los dos sabíamos a que se refería. En ese momento me prometí no lastimarlo nunca más. Su herida era mortal y ¿a modo de que yo tendría que reprocharle mas nada?.
Llegando a casa, lo instalé en una habitación, encendí la estufa y lo cuidé cada instante como si se tratara del mejor padre del mundo. Su terquedad llegaba al punto de no querer que ningún médico lo asistiera. Fue la única terquedad que lejos de obstinación me terminó pareciendo un actitud inteligente. Nunca entendí con que macabra cuota de egoísmo y vanidad la raza humana se obstina en extender la agonía de la muerte. Puse sus tangos preferidos que en esta oportunidad ya no dependían de una única moneda y le consentí cada capricho. "Quiero Granadina", y yo era capaz de conseguir lo que me pidiera por difícil que fuera, por ese padre que fue incapaz de todo.
Y su imagen al verlo desmayado cuando entré a la habitación. Puse una almohada bajo su cabeza porque sabía que no lo podría levantar. Los dolores lo dejaban inconsciente por momentos. Me recosté sobre él luego de llamar a la ambulancia y rompí mi promesa. "¿Viste todos los amigos tuyos que te vinieron a levantar? " dije, esperando tal vez que viendo el filo de la navaja de la muerte sobre el cuello al menos esta vez, al menos por última vez, tuviera la humildad de reconocerlo. "Si, ya vi querida" me miro con sus ojos almendrados y solo pude recostarme sobre su pecho para que no viera mis lágrimas.
Otra imagen. De una tarde en el hospital donde ya estaba inconsciente, lleno de mangueras, cables de monitoreo y drenajes. Me recosté sobre su pecho y le canté todos los tangos que de chica había aprendido con él. "Mimí Pinzón" , "Sur" , "Malena" y aquel que nos devolvía a aquel bar, con la fonola tragamonedas, sobre el barquito de papel: "Cafetín de Buenos Aires". Estoy segura que el me escuchaba. Antes de irme le dije al oído: "Si vos me perdonas, yo también te perdono", lo besé en los labios y me fui.
Bajando la escalera del hospital, me quede sentada en el descanso del segundo piso, prendí un cigarrillo y mirando la ventana, ví su imagen, en un inmenso barco que zarpaba hacia el infinito horizonte. En ese momento no comprendí.
Al día siguiente volví, a la hora de siempre. La cama estaba vacía. Nadie me había avisado. Había fallecido apenas me había ido la tarde anterior. Después de los tangos, su barco había zarpado.
Era tan difícil llegar a el como se le hacía por las mañanas desenredar mi maraña de rulos, estirarme el pelo atándome una cola con una banda elástica bien tensa hasta que mis ojos quedaran achinados, para llevarme a la escuela. Tan difícil como se me hacía soltar su mano y subir al colectivo. Tan difícil como saber si finalmente entendió lo equivocado que estaba. Tan difícil como tratar de imaginar como era su álbum.
Tan difícil como tratar de imaginar a mi madre, ya harta de este hombre que le quitó todos sus sueños, arrojándose sobre las vías de un ferrocarril que solo la llevaría en un viaje sin retorno. Tan increíblemente difícil como tratar de imaginar la secuencia de imágenes que el reloj de mi madre detonaba en su mente en esos últimos segundos.
Aún me pregunto: ¿A modo de que uno se obstina en almacenar esta inútil secuencia de diapositivas?
5-
HUMBERTO
Humberto era un hombre solitario. No tenía esposa ni hijos. Cuando lo conocí todavía estaba dedicado a cuidar a su madre enferma. Lo había conocido yo en mis paseos por las calles de Mataderos con mis hijos: Martín y Matías, cuando Martín tendría unos dos años.
Me recuerdo paseando con el carrito de bebé en que lo llebaba a Martín, y también recuerdo a Matías juntando frutos de un árbol que luego me enteré que el mismo Humberto había plantado.
Siempre que pasaba por la vereda de Humberto a quien los amigos le dicen "Mano" porque su apellido es Manograsso, su puerta del garage abierta y una serie de esculturas espectaculares a la vista de quien se detuviera un instante invitaban a entrar.
Mi curiosidad era evidente, por lo que un día como tantos otros en los que estiré mi cuello para ver, que nueva obra había dado a luz su colección, me detuvo y me preguntó si quería pasar. Me dio un poco de vergüenza, pero mi curiosidad la superaba.
Los seis años de Matías estaban asombrados de aquel hombrezote inmenso, de cara barbuda que podía crear esas fantásticas obras de madera en 3D.
- Soy como un ogro - me dijo un día Humberto - un Ogro como en los cuentos, que hace arte a los golpes - y se sonrió muy simpáticamente, pero con esas sonrisas que cargan un dolor de larga data.
Cada vez que nos veíamos charlábamos de arte. Hasta que un día me comentó que necesitaba algo de dinero y me pidió si le podía vender una obra ya que yo me la pasaba conectada a Internet. Vino a casa y me mostró la fotografía. Quedé absolutamente enamorada y lamenté no tener el dinero para comprársela.
Un violín emergía de lo que algún día había sido un árbol.

- ¡Que increíble le dije!
- El arte es así. Cuando uno termina siendo hijo único entre diez hermanos, el arte es lo único que te puede salvar.
Sabía que se refería a su madre. Tenía diez hermanos pero el había sido el "hijo único" o mas exactamente el "único hijo" encargado de cuidarla durante toda su larga y complicada vejez.
- ¿Sabes una cosa? - le dije - Es la escultura mas hermosa que vi en mi vida, pero si tuviera el dinero para comprártela, no te la compraría.
- ¿Por qué? - Me dijo con curiosidad
- Porque hay cosas en la vida que es más lindo desearlas para siempre. Cuando desee un televisor más nuevo, lo compré y a la semana me cansé, cuando quise un microondas, lo compré y a la semana me cansé, y así podría enumerarte miles de cosas que desee y siempre me cansé. Yo no quiero cansarme nunca de tu violín, por eso, preferiría no comprártelo. Me gusta más desearlo. ¡Es hermosísimo realmente ¡ "
- Me conmueve mucho que me digas eso. Por eso voy a hacer lo siguiente, si vos me permitís, escaneame la foto y ponémela en un diskette, quiero obsequiarte la foto original, esta misma - yo extendí mis manos con la fotografía y el la tomó fuertemente entre sus grandes dedos" - y además, prestáme una lapicera.
Primero lo vi dubitativo. Luego cerró los ojos, se quedo un minuto callado, creí que estaba pensando una frase. Cuando los abrió, simplemente firmó la fotografía. En ese momento no entendí y no quise sentirme tonta preguntando.
En otra oportunidad Mano vino a casa y me pidió si podía hacerle una página de Internet con todas las fotografías de sus mejores obras. No se si mencioné que esa es mi principal actividad: Diseño de Páginas Web.
Una de las obras que realmente me había cautivado entre las fotografías que había traído para el diseño de su página era la escultura de Paola y Hugo.

Era algo exótica, porque la mujer estaba sentada sobre la frente de la cabeza del hombre con sus piernas colgando.
- No entiendo que significa esta, Mano.
- ¡Uhhhhh esa foto tiene una historia!. Eramos un grupo de amigos, y había uno que se llamaba Hugo. El, estaba enceguecidamente enamorado de Paola, la tenia "Acá" - y se señala la frente con un golpe seco con la palma abierta de esos que hacen ruido- La mina era un desastre, además era maldita, le hacía las mil y una, pero el estaba enceguecido. Mira que le contaron cosas de la mina, pero el nunca las creyó. Si miras bien en la escultura las piernas de ella están colgando justo delante de los ojos de él. La descripción exacta es que Hugo la tenía "Acá" - y repite el golpe seco sobre su frente - y no podía ver Nada, más "Allá" - y se expresa con sus grandes y fuertes manos hacia adelante.
- Es increíble, pero todos alguna vez terminamos atrapados en eso. ¿No?
- ¿Quién no? - Y hace un gesto de comprender cerrando sus ojos pausadamente y meciendo su cabeza como rememorando.
Con esas palabras yo entendí que el también había amado intensamente. No había otra forma de explicar las maravillas de su arte. Tal vez por eso se asocia el arte con un poco de locura, porque casi siempre surge de la locura de esos amores poderosos que nos mantienen en llamas la memoria y el alma hasta convertirlas en dos infiernos que por algún lado tienen que expresarse.
Habían pasado unos años y nos reencontramos como muchas veces sucedía en el bar del supermercado. Tenía una duda antiquísima con el tema de la firma en la foto del violín.
Con la confianza que otorgan los años, me animé a preguntarle, pero supuse que ni siquiera se acordaría de aquel evento.
- ¿Mano, te acordás cuando me firmaste la foto del violín?
- Lógico nena, como no me voy a acordar de mi mejor "no compradora".
- Solo la firmaste, pero no me escribiste nada.
- Es que pensé en lo que me habías dicho: eso de desear, de que uno se cansa de lo que tiene, - me asombró que recordara la añeja situación con todos los detalles- y me pareció que si te escribía una frase o una dedicatoria, con el tiempo terminaría siendo: obsoleta, redundante, trillada y te cansaría también releerla, así que cerré los ojos para sentir lo mas poderosamente la sensación de gratitud por tus palabras, e intenté que eso que sentía quedara grabado y reflejado en el trazo de mi firma.
- Eso quedó grabado, siempre que veo tu firma en el violín siento tu gratitud. Y además sigo deseando tenerlo como aquel día. Parece que mi fórmula funciona.
Ayer por la tarde volví a encontrarlo. Le pregunté acerca de Hugo. Simple curiosidad la mía.
- ¿Hugo? La cuento y no me la cree nadie nena. A veces creo que somos simples piezas de un juego y que algún hijo de puta la esta pasando bomba jugando con nosotros. Si es así no solo es un hijo de puta, es un cínico, un sádico. La vida es paradójica. Hugo me llamó ayer. Se está quedando ciego. El médico estima que la pérdida visual será total, definitiva e irreversible a fines de este año.
Hablamos muy poco. Yo quedé shockeada con la noticia de su amigo. Lo despedí con un abrazo. No quisimos decir mucho por miedo a que el hijo de puta que juega con nosotros se siga cagando de risa. Lo miré a los ojos y le sonreí con una mezcla de tristeza y complicidad. Dos moscas atrapadas en la misma telaraña terminan hablando el mismo idioma.
Mano y yo hablamos el mismo idioma.
6-
SEGUNDO GRAFFITI
Era muy entrada la noche. La hora exacta en que es mas oscura que nunca porque faltan pocos minutos para el amanecer. Estimo que serían algo así como las 5.00 am.
No había podido pegar un ojo, no sabía exactamente que me inquietaba pero mi mente iba de idea en idea, de recuerdo en proyecto, saltando así del pasado al futuro como si mi mouse mental se obstinara en hacer click en todos los hipervínculos posibles.
Finalmente me harté de estar en la cama. Mi esposo dormía y yo realmente necesitaba hacer algo que urgentemente calmara mi ansiedad o la velocidad de enlace de mis neuronas y la vertiginosa hilación de ideas iba a terminar quemándome los circuitos internos. Una manifestación propia de la neurosis, patología con la que irremediablemente un alto porcentaje de personas debemos convivir sobre todo con el elevado índice de stress de las ciudades.
Fui a la cocina, me senté en mi banqueta alta que utilizo para cocinar y encendí el fuego. Puse la pava, con la intención de hacerme un te caliente "con" limón, pero finalmente decidí hacerme un te "de" limón.
Mientras el agua se calentaba, mi mente no dejaba de hilar pensamientos. En ese momento recordé el juego de los ladrillos. Traté de acordarme donde lo había puesto después de aquella primera y ultima partida. Tomé la banqueta alta y silenciosamente la llevé a la habitación. La acerqué al placard y me subí. Abrí la puerta superior y ahí se encontraba dentro de la misma bolsita de arpillera atada con una cinta roja, como yo lo había guardado.
Lo agarré y volví a bajar tan sigilosamente como había subido. Me llevé en silencio la banqueta y la bolsita la colgué en de uno de mis brazos.
La pava seguía sobre el fuego. Tomé el repasador rojo de la cocina y me senté en una silla del comedor. Lo extendí sobre la mesa circular de vidrio de modo que al poner sobre él los ladrillitos de: "Graffiti"no hicieran ruido alguno.
Mi insomnio era altamente poderoso dado que ponerme a esa hora con el juego requería no solo de concentración, sino también de una buena cuota de agallas. El juego que yo había diseñado ya había jugado conmigo en la primera y única oportunidad y había quedado bastante shockeada con la frase final. Pero la curiosidad mató al gato, y evidentemente algo felino latía dentro de mí.
"Grafitti" era un juego de construcción que combinaba la dificultad de armado con la complejidad de la sintaxis del lenguaje, había yo deseado hacer una especie de Scrabel, con un mas alto nivel de complejidad, y se había terminado por parecer mucho mas a una especie de tabla OUIJA en 3D, con la facilidad de que "Graffiti" no necesitaba de un grupo de personas para jugar.
Ahí recordé una de las historias de la tabla. La historia de Jennifer Lynn Sprigman, de 14 años vecina de Downers Grove, Illinois, que había sido siempre una muchacha nerviosa e impresionable. En diciembre de 1972 se encontraba con una compañera de la escuela, cuando a ésta se le ocurrió jugar un rato con la tabla ouija. Jennifer preguntó por curiosidad, a qué edad moriría.
La plancheta dio una cifra, 18, y siguió con una palabra: asesinada. Las dos amigas rieron con la respuesta. Les parecía muy graciosa. Siguieron preguntando cosas relacionadas con la muerte de Jennifer: de qué forma moriría. La tabla contestó de inmediato; estrangulada.
La joven murió estrangulada, como anunció la tabla, el 3 de octubre de 1976 faltando dos semanas para su 18 aniversario. Jamás atraparon al asesino. La amiga de Jennifer consultó con la ouija, pero ésta no volvió a citar su nombre, ni dio el de su asesino.
Una entre tantos cientos de historias nefastas de contactos y mensajes con y desde el más allá, que se le adjudican a la maléfica tabla.
A pesar de ello continué con el juego.
Estaba segura que "Graffiti" no era un juego que emitiera mensajes del más allá y mucho menos que tuviera poderes maléficos. Era lo más parecido a un gran "maestro espiritual" que envía mensajes de vida. Eso era "Graffiti", lo opuesto a la tabla OUIJA. No era un juego de destrucción sino de construcción, de construcción interior, de desarrollo espiritual, de búsqueda interior.
Pensando en ello, me serví la mitad de las piezas de color 100 en total, nuevamente 40 simples y 60 dobles y los 10 negros, (5 simples y 5 dobles).
Nuevamente me impuse un tiempo de 15 minutos para armar la pared y como en la primer ocasión, me encontré con combinaciones de letras que me resultaban difíciles, al menos en un principio, de ubicar en palabra alguna, solo que ya sabía que de alguna manera finalmente se iban a acomodar, del mismo modo que sabía que no iba a ser necesario utilizar ningún comodín ni piezas que sobresalieran por detrás.
Debía relajarme y dejarme fluir, eso era todo, la frase ya estaba implícita en todos esos ladrillos repartidos sobre el repasador, solo había que construir la pared y leerla.
Finalmente durante el último de los minutos la frase que obtuve era:
No me quedaba tiempo pero aunque lo hubiera tenido no había forma de construir el texto, "LA CLAVE ES TOMAR CONCIENCIA". Supuse que el juego daba por sentado que yo recordaba eso de mi primera partida. ¡Y vaya que lo recordaba!
GRAFFITI
LEVEL THREE
7- LABERINTOS
La locura de una noche de clandestinidad en la que no estuvo con nadie pero estuvo en miles de lugares con montones de otros seres tan despojados de compañía como El.
Todavía no descubre que soledad y desolación no significan lo mismo.
Mientras las primeras luces del amanecer son un sano símbolo de inicio para la mayoría, para El sin embargo, ese breve rayo de sol sobre la @ de su teclado es como el semáforo que le indica que ha sobrepasado ampliamente el limite.
Sabe que si Borges pudiera describir la telaraña que lo atrapa diría que es: "una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna"
Mañana volverá a poner esa línea donde debe estar, pero en unos pocos días la telaraña virtual lo volverá a atrapar, porque "Todos estamos Atrapados".
...
"Tomar conciencia". Había analizado la frase y trataba de resolver el enigma. "Todos estamos atrapados…" me resultaba familiar, pero para tomar conciencia primero tendríamos que saber un poco más acerca del "dentro de que", es decir, poder entender como medida esencial, dentro de que estructura estamos atrapados.
Si uno esta atrapado en un subsuelo el método de salida consiste en un ascenso, pero si es en el último piso tendrá que obtener un método para descender. La idea era primero encontrar el "dentro de que" puesto que dependiendo de ello varía el método para encontrar la salida.
Los seres humanos podemos estar atrapados en infinidad de lugares y situaciones, pero mi investigación tenía más que ver con las situaciones que con los lugares, aunque imaginar un sitio complejo, podría ayudarme a resolver una situación compleja. Al menos era una hipótesis.
Tendría que ser extremadamente compleja porque las situaciones de la vida son de extrema complejidad, tal vez como un hiper -cubo, pero habría que analizar demasiadas variables y supuse que lograría embrollarme mucho más antes de sacar algo en limpio. O tal vez aún debería combinar una situación compleja en un lugar complejo a la que se debería sumar la variable tiempo, porque convengamos en que no es lo mismo estar en una situación determinada, en un lugar determinado, en uno u otro momento ya que una diferencia de minutos podría hacer diferir el método a utilizar para resolverla.
Motivo por el cual finalmente me decidí por los laberintos. Ya lista para comenzar a analizar la estructura y métodos de salida de los laberintos, busque bastante información acerca del tema. Y me encontré con la siguiente definición:
"El laberinto como término arquitectónico deriva su nombre de los famosos antiguos o míticos laberintos de Creta y Egipto. Se encontraban frecuentemente en los empedrados de las catedrales Francesas figuras geométricas compuestas de varias piezas de mármol coloreadas dispuestas de forma tal que formaban laberintos y por tanto llamadas labyrinthes de pavé. El del centro de la nave de Notre Dame, Chartres, queda como el más magnífico ejemplo, y una persona siguiendo los varios espirales y curvas de la figura caminaría cerca de 800 pies antes de llegar al centro, aunque la circunferencia no excede las trece yardas. "
Y aunque Leopoldo Marechal diga que "De todo laberinto se sale por arriba.", no comparto la universalidad de su método, ya que podría tratarse de un laberinto de túneles subterráneos de cemento y difícilmente se me ocurra saltar y romperme la cabeza o llevar un equipo de perforaciones subterráneas.
El laberinto de Chartres es un laberinto clásico, de este modo la única dificultad reside en recorrerlo ya que no existen caminos alternativos ni encrucijadas, solo tiene un punto de partida y un punto de llegada.

La solución es dejarse fluir y recorrer. Pero dado que se trata de un laberinto graficado sobre el piso y no posee paredes divisorias, en la segunda oportunidad o en la tercera dependiendo de la capacidad de abstracción e inteligencia de quien lo recorre, o ante todo de la paciencia del participante, uno termina por saltar del punto 1 al punto 2 y ponerle fin al asunto de andar perdiendo el tiempo inútilmente.
Utilizar este método podría hacernos caer en otros laberintos mucho más complejos tales como el tan bien conocido por todos y no muy bienvenido "laberinto de la culpa".
Existen también otro tipo de laberintos, como el denominado manierista. También conocido como "laberinto binario", que tiene gran cantidad de caminos pero solo uno conduce a la salida, los demás son callejones cerrados que no nos llevan a ninguna parte. Se denomina binario puesto que en cada cruce solo existen dos posibilidades de elección, es decir que un cruce nos obliga a elegir entre dos opciones. Gráficamente es una especie de árbol y la forma de encontrar la salida se basa en el método de la prueba y el error. Aunque según mi investigación existe un algoritmo que nos permitiría salir.
Consejos para salir del laberinto binario:
a) No siga el mismo camino dos veces.
b) Si llega a un cruce nuevo, no importa que camino siga, elija el que mas le guste.
c) Si un camino nuevo lo lleva a un cruce viejo, o a un callejón sin salida, retroceda hasta la entrada del camino.
d) Si un camino viejo lo lleva a un cruce viejo, tome un camino nuevo, y si no lo hay, tome cualquiera.
Es decir que dada una situación de este tipo solo habría que tener presentes las cuatro reglas básicas y la solución esta al alcance de cualquiera que se animase a recordarlas y a respetarlas a rajatabla, lo cual deja a un ochenta por ciento de la humanidad absolutamente perdida y consternada.
Reconozco sinceramente que pertenezco a este inmenso porcentaje de seres que detestan las reglas y sobre todo al sometimiento que implica su aplicación, por lo que en situaciones de este estilo, suelo dar vueltas y más vueltas cayendo en el otro tan bien conocido por todos ", laberinto de la postergación", hasta que el factor tiempo o la desesperación por si misma me obligan a utilizarlas.
Decidir utilizarlas a último momento me sumerge en "el laberinto de la baja autoestima" porque generalmente suelo sentirme muy estúpida por todo el tiempo perdido y me consuelo pensando que lo importante era lograrlo sin importar las demoras.
Por último, existe un modelo de laberinto denominado " en rizoma". Su forma más intuitiva es la de la red ferroviaria, donde no solamente todo punto está conectado con varios otros puntos, sino que nada impide que se establezcan, entre dos nodos, nuevas uniones, e incluso entre los que no estaba unidos antes. No obstante, lo que diferencia al rizoma de la red ferroviaria es que en teoría este laberinto no tiene límites porque no se extiende sobre un territorio definido y limitado: es el rizoma en sí, en su forma abstracta, el que define los territorios. No vale la pena preguntarse si el rizoma es finito e ilimitado, o limitado pero infinito: lo esencial es que no tiene exterior y por consiguiente no tiene fronteras. Cada ruta puede ser la correcta, siempre y cuando uno quiera ir hacia donde va y cada punto puede estar unido a cualquier otro punto. El rizoma es por ende el lugar de las conjeturas, de las apuestas, de los azares, de las reconstrucciones, de las inspecciones locales descriptibles, de las hipótesis globales que debe ser continuamente replanteadas, pues una estructura en rizoma cambia de forma constantemente.
Consejos para salir de un laberinto rizoma:
No existen leyes ni método que ayuden a resolver el problema porque el laberinto cambia constantemente de forma, y los caminos que antes existían podrían haber desaparecido, o se podrían haber multiplicado. Donde antes había dos alternativas, en el instante más próximo podría no haber ninguna, o haber múltiples alternativas. Es un laberinto en continua metamorfosis como la vida misma.
¿Y ahora qué? ¿Habrá que pedir auxilio? ¿Dejarse fluir como dicen los orientales? ¿Esperar a que la metamorfosis propia del laberinto decida ponernos la salida frente a las narices? ¿Resignarse a permanecer perdido ahí dentro indefinidamente? ¿Suicidarse?
¿Y en que tipo de laberintos muchas veces nos sentimos atrapados los seres humanos? Se podría hacer una lista bien extensa de situaciones en las que uno se siente "dentro de" y con muy poca capacidad para encontrar la salida "hacia".
Pero la dificultad se multiplexa cuando nos damos cuenta que también deberíamos descubrir: si uno es la persona atrapada en el laberinto, si uno mismo es el laberinto, si uno en realidad es la "salida del laberinto", "el recorrido" o "el punto de llegada" , si cada laberinto tiene a su vez otros laberintos internos de menor o mayor complejidad que el que los abarca, si el intento de "la búsqueda de la salida" consiste en si mismo en el primero de los errores o si el laberinto no tiene nada que ver con uno y este lugar complejo e intrincado, maliciosamente creado con el propósito de confundirnos y dificultarnos la orientación con encrucijadas, rodeos y callejones sin salida no merece ni siquiera que lo analicemos.
En mi vano y vulgar intento por esclarecerme solo había logrado marearme y la única frase que no cesaba de repetir mi mente era : "Tomar conciencia".
8
- EXPERIENCIA LISERGICA
Nadie pudo describirme un estado de ánimo de forma mas gráfica de lo que lo había hecho Marcelo en aquella oportunidad. Ni en todos los libros que leí hube encontrado jamás una forma tan claramente gráfica que describa una sensación que todos tuvimos alguna vez.
Cuando me dijo si quería probar el ácido, no entendí a que se refería. Era muy chica yo en aquel entonces, tenía catorce años, pero siempre tuve muy claro que quería y que no quería para mi en la vida, y esto me ayudaba muchísimo a transitar una infancia que limitaba muy cercanamente con la marginalidad.
No gracias. - le dije - ¿Y que onda con eso? - porque la curiosidad siempre pudo conmigo, ya que había decidido no probarlo al menos quería imaginar que se sentía.
-¡ Uh, no sabes nena lo que te perdés ¡ . Vos te chupas una de estas estampillas y todo lo que te alucinas está ahí, es como real. Casi lo podes tocar.
Averiguando un poco más y a medida que avanzaba nuestra charla entendí que se refería al LSD, ácido lisérgico, que luego supe que se destaca por ser el alucinógeno más potente y por ese motivo también se conoce como compuesto psicodélico.
El relato de aquella alucinación permanece en mi mente como una gigantografía que muchas veces imagino podría haber sido una muy valiosa obra si hubiese sido pintada por Salvador Dalí.
Me miró a los ojos buscando mi atención y comenzó su relato:
- "Era negro, pero no el color negro que estamos acostumbrados a ver en la realidad, era el color más negro que ví en mi vida. Era un toro, con los cuernos blancos afilados, pero lo más impactante era el color del pelaje. Negro absoluto, como brillante pero sin destellos, como iluminado pero sin luz. Era tan negro el pelaje que te quedabas pasmado mirándolo y no te podías mover del asombro. Y venía hacia mí, enfurecido, a toda velocidad. Y yo seguía ahí aturdido por el color negro, desorientado por el asombro, sin dar ni un paso."
Había que ver su cara cuando me lo relataba, parecía que entre el y yo, el toro de su relato lo estaba mirando fijamente a los ojos.
- "Y de repente cuando me animé a dar aquel paso, comencé a caer por un tobogán. Un tobogán muy loco, porque era en espiral, y de esos curvos que son casi como un tubo. No podía detenerme, la velocidad a la que bajaba cada vez era mayor. Si me relajaba caía cada vez más rápido, y no podía aprovechar los orificios que tenia el tobogán para salir de él. El tobogán se espiralaba hacia la derecha y parecía hacer efecto la fuerza centrifuga que me empujaba contra esa misma pared por efecto de la fuerza centrifuga.
Cada cincuenta metros aproximadamente había un orificio circular del lado izquierdo y yo sabía que si lograba detenerme en alguno de los orificios podría salir de ahí. ¡Pero cada vez que pasaba por uno de esos orificios veía una escalera caracol por la que yo mismo estaba subiendo en ese mismo momento!."
El relato de Marcelo me había atrapado realmente. No se si mi imaginación me jugaba una mala pasada, pero tuve la sensación de haberlo vivido, de haber estado en una situación semejante en otro momento, en el mismo tobogán, lo que los franceses denominan "déjà vous".
Marcelo me miró a los ojos y comprendí que buscaba una pizca de comprensión, alguien en quien confiar su relato y que al mismo tiempo no lo trate de estúpido por consumir porquerías. Conmigo había dado en la tecla. Me importaba muy poco lo que había consumido y no estaba interesada en probar la alucinógena sustancia, porque lo que realmente me fascinaba era el relato de su alucinación. Mi droga era su relato.
- "Cuando me di cuenta que si me sacaba las zapatillas y las medias, podía disminuir la velocidad de descenso con los pies, pude al fin agarrarme de uno de esos orificios y salir del tobogán. Ese orificio era un tubo que llevaba hacia el centro donde estaba la escalera caracol por la que solo se podía subir. No me preguntes por qué, pero nunca podías volver al escalón anterior, ni girar la cabeza para mirarlo. Una vez parado en uno de sus escalones, no podías mirar hacia atrás ni descender, el cuerpo no respondía esas órdenes. Y tenía también otra particularidad, cada 20 o 30 escalones había un escalón que era como una cinta de gimnasia de las que se usan para hacer aeróbico. Es decir que si uno no prestaba atención y pisaba ese escalón como si se tratara de un escalón común, el escalón te expulsaba hacia la izquierda y volvías a caer en el maldito tobogán a través de uno de los tubos.
- ¡Pero lo mas loco de todo esto es que a medida que subía por la escalera me veía a mi mismo descendiendo por el tobogán!"
Levantó la vista nuevamente para ver hasta que punto me había fascinado su relato y yo tendría probablemente una cara de extremo asombro a la vez que mentalmente trataba de hacer un plano arquitectónico de aquella psicodélica aventura lisérgica.
Mi plano mental me indicaba entonces una escalera caracol infinita con escalones de riesgo, rodeada de un tobogán en espiral que la abrazaba en todo su recorrido y se conectaba a ella a través de tubos. Si uno lograba estar en la escalera solo podía subir, pero si no prestaba atención caía nuevamente en el tobogán donde solo se podía bajar o detenerse con un esfuerzo supremo para volver a la escalera. Lo que no lograba abstraer era la variable tiempo. ¿Cómo podía ser que el se viera en la escalera cuando estaba en el tobogán y viceversa? Me recordaba el Ciclo de Moebius, algo matemáticamente posible pero realmente impracticable.
- ¿En serio no querés una estampilla nena? - miró mi cara y continuó - No sabés lo que te perdés. Mirá que a mi no me cuesta un carajo. Un amigo me manda los sobres de Ibiza y yo no le garpo un sope.
Realmente sentía que no necesitaba vivenciarlo con el ácido. El color negro del toro enfurecido me resultaba familiar. Creo que me recordaba a mi padre.
Al menos Marcelo tenía que tomar ácido para alucinarlo, yo muchas veces lo sentía en carne propia sin ningún tipo de estimulantes.
Esa sensación de estar en dos lugares a la vez, de estar dividida por dentro, la frustración de esforzarse por subir y haber logrado escalar bastante para que un error o una distracción tiren todo el esfuerzo de la escalada por la borda. Volver a descender vertiginosamente deseando detenerme y no lograrlo. Lograrlo finalmente para volver a subir por la escalera, como en una serie infinita en la que uno termina por preguntarse si tiene sentido seguir transitando, o si la solución más practica es quedarse sentado en un escalón para siempre y evitarse las subidas y bajadas, que en síntesis lo tienen a uno en una franja de x ó -x distancia respecto del escalón en cuestión.
Lo que nunca entendí es quien me mandaba a mi los sobres con las endiabladas estampillas, en que momento del día me sumergía yo con el ácido, ni porque la vida me tenía en vilo subiendo escaleras pero sobre todo descendiendo vertiginosamente por un tobogán infinito.
Esa tarde me consoló el hecho de saber que entre Marcelo y yo había una par de notables diferencias: la primera era que yo si sabía que quería y que no quería para mi vida y la segunda era que cada vez que atravesaba por una de mis experiencias lisérgicas no perdía jamás la conciencia de mi misma. Una diferencia mínima que marcaba una gran diferencia.
9
- TERCER GRAFFITI
Una nueva partida, ayer por la noche.
Una frase más del Graffiti: "Somos camino, laberinto, punto de partida y de llegada recorriendo otros laberintos de infinita complejidad. La vida es una experiencia lisérgica."
Simplemente contundente, como un látigo que abre la carne para dejar una marca que al mismo tiempo es una herida.
La verdad es demasiado dolorosa y tomar conciencia es la única manera de caminar sobre el filo de la cornisa.
La verdad es que abajo esta el abismo.
La verdad es que tenemos que ser concientes permanentemente.
La verdad es que un minuto de inconsciencia nos puede hacer caer en el vacío.
La verdad es que la verdad es la única herramienta, la única posibilidad de lograr que sea posible.
Y la verdad es que nos vivimos mintiendo.
10
- CARTA DE DESPEDIDA
"La muerte esta tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja." La Renga.
Seguramente era su sobrenombre porque nadie le hubiera puesto Mote de nombre a su hijo. Eso es todo lo que supe de su identidad.
Trabajaba yo en ese entonces en una conocida pista de hielo en mi natal barrio de Belgrano. Me desempeñaba allí como camarera desde las dieciséis horas hasta el cierre, con un día franco semanal que si mal no recuerdo me correspondía los lunes. Con las propinas me movilizaba durante la semana para ir por la mañana a la Universidad Tecnológica Nacional donde cursaba la carrera de Ingeniería en Sistemas Informáticos.
Era un buen trabajo, en aquel entonces me permitía estudiar, y a fin de mes contaba con la totalidad de mi sueldo para despilfarrarlo en ropa y vestir con ello mis diecisiete añitos llenos de energía.
Ese día cuando entró por la puerta aquel viejo linyera, totalmente desalineado y bastante sucio por cierto, mis ojos se llenaron de asombro. Mire al dueño del local, esperando indicaciones. Carlos era un hombre muy humano y como aun era de tarde y no había muchos clientes, me hizo señas claras para que deje que aquel pobre viejo hediondo se establezca en el local.
La pista tenia una peculiaridad. Las mesas de la entrada estaban en desnivel. Yo caminaba por una pasarela que estaba más elevada y para atenderlas tenía que descender unos escalones. El piso tapizado con césped artificial y las mesas circulares abrazadas por un solo asiento que las circundaba, a pesar de estar en el interior, tenían una simpática sombrilla bien plantada en el centro.
Mote se sentó en una de ellas y yo me acerqué a atender su pedido.
- Buenas tardes caballero - le dije con una sonrisa.
Se incorporó nuevamente y haciendo una visera con su mano derecha comenzó a atisbar hacia la calle, como buscando algo con un dejo de preocupación en su rostro.
- Que pasa abuelo? - le pregunté.
- Estaba viendo donde dejé mi caballo, como me dijiste caballero. - sonrió con una sonrisa no tan amplia pero en su caso mas vacía que llena de dientes y bastante poblada de caries, pero realmente simpática.
- Que divertido. Me hizo reir realmente. Que se va a servir? - continué amablemente
- No de ninguna manera. Yo no me voy a servir nada. - Me hizo poner bastante nerviosa porque no entendía si era un chiste o este viejo loco me iba a hacer pasar una tarde de fastidio.
- No se va a servir nada? - le pregunté algo nerviosa.
- Ni loco, ahorre toda la semana para que vos me sirvas muñeca. - Y volvió a mostrarme su descalabrada dentadura, con la que finalmente logro arrancarme una estridente carcajada.
Un personaje sin igual. Pasaron de esa tarde hasta la fecha veinte largos años y aún recuerdo, cada palabra de aquella conversación.
Tomó un té con limón. Era lo más barato que teníamos. Mientras bebía, yo lo observaba atentamente. Siempre fui muy curiosa, y me encanta conocer personas nuevas y saber por que eligen tal o cual forma de encarar la vida.
El viejo tenía una buena pila de hojas amarillentas manuscritas con una letra más espantosa que la sumatoria de caries de sus dientes y continuaba derramando textos sobre ellas con una birome que me había pedido prestada. Pero el tenía derecho a su intimidad mas allá de su condición social y yo tenía la obligación de no meterme en sus asuntos privados.
Pasó más de cuatro horas sumergido en ese escrito. Período durante el cual, me pidió que le acercara un vaso de agua y volvió a sonreirme.
Al momento de partir charlamos durante un rato.
- Bueno muñeca, tengo que partir. Quiero dejarte esto que lo escribí para vos.
Mi cara de absoluto asombro era demasiado evidente.
- Para mi? - le dije creyendo que se trataba de una broma.
- Lógico, no le voy a estar escribiendo a mi caballo encima que se fugó y ahora por culpa de él ni caballero soy.
- No lo puedo creer!!! Muchas gracias!!! - El viejo me había robado esa tarde toda mi atención y una docena de carcajadas. Antes de darme los textos me hizo prometerle algo.
- Se que mi letra es desastrosa, pero es mejor, así lo lees despacito y entendés mejor el contenido. Pero me vas a tener que prometer una sola cosa.
No lo podía creer. Yo, haciéndole una promesa a un linyera. Pero accedí, y entonces el continuó.
- Me tenés que prometer que nunca, nunca, nunca, jamás te vas a olvidar de este viejo. Llamáme caballero si querés en tu memoria, pero no te olvides nunca de mi. No creo ni pretendo que con el tiempo recuerdes mi nombre, porque además es bastante raro. Yo estoy viejo. No creo que viva muchos años más. Todas las personas que ves pasar por la calle, todas las personas del mundo buscan lo mismo. Tengan la posición social que tengan, todos inclusive yo, buscamos trascender. Y trascender es: vivir más allá de la muerte, en el recuerdo de alguien, si son muchos mejor, pero a mi me basta con que vos me recuerdes. Prefiero que me recuerde una persona especial y no cien mil mediocres. - volvió a sonreir esperando que yo le haga la promesa. - Mi nombre es Mote, acordate de este viejo nena, algún día de tu vida. Ese día cuando te acuerdes, donde sea que yo esté, me sentiré muy feliz de haber trascendido.
- Por supuesto abuelo. Cuente con que nunca me voy a olvidar de usted. Los caballeros sin caballos no se olvidan fácilmente.
Soltó una enorme carcajada, se incorporó, subió los escalones, me miró a los ojos, me entregó un beso en la mejilla muy cálido y fue la única y última vez que lo vi. Apenas se fue pude tomarme un rato para leer el escrito que me había dejado. Aquí lo transcribo.
"Quizás algún día alguien pueda explicarme por que las cosas casi siempre terminan siendo del modo en que todos los que hubiesen podido evitar que fueran así, nunca hubiesen querido. Nunca terminaré de entender si: no lo evitaron lo suficiente o no desearon lo suficiente que no fueran así. Me resisto a creer en una tercera opción. Me resisto a creer que en realidad, en el fondo de nuestros corazones, todos quisimos que así fueran.
Pero así es la vida, o al menos así parece ser, o al menos así se nos presenta, como un sinfín de dichos y desdichas, de dicciones y contradicciones. Y así como cuando eres niño y eres hijo prometes no ser como tus padres, del mismo modo un día te conviertes en padre y cometes los mismos errores y entras en el mismo círculo, o peor aun, podrías cometer errores distintos y aún mas graves que los que cometieron contigo.
Y así es que escuchas que alguien se queja de una injusticia y ves como ese mismo alguien que se queja comete la misma injusticia, día tras día.
Y así es como ves como miles de personas buscan encontrar a su alma gemela y la encuentran, y vaya que he visto gente que la ha encontrado, incluyéndome a mi mismo. Y cuando ese día llega, todo es maravilloso y uno se siente en la cima de la gloria y uno se cree muy sabio y hasta se cree único. Y es tanta la dicha que se torna sospechosa tanta felicidad repentina.
Esta persona que ha llegado a nuestras vidas, ha estado antes en nuestras vidas y nuevamente nos toca la oportunidad de probar y comprobar. Y a esta misma persona que no resiste ninguna química contrapuesta, a esta misma persona que llega con todas las cartas a favor para ganar el juego, a esta misma persona..... logramos detestarla.
Porque a modo de que alguien se parece tanto a nosotros mismos? Y con que derecho puede amarnos tanto si nosotros mismos no nos queremos en lo mas mínimo? Y a partir de ese punto comienza la duda, y un amor que se convierte en duda deja de ser amor y comienza a convertirse en temor que finalmente es todo lo contrario.
Y esa persona mágica, que había logrado traer paz a nuestra vida, que había llenado de inmensa alegría un inmenso y trágico vacío, repentinamente se convierte en el enemigo numero uno.
Que es lo que hace que la magia se rompa? O somos nosotros quienes rompemos la magia?
Tal vez todo consista en analizar un vacío. Un vacío interior que necesita ser colmado. Y que mientras existe en nuestra alma, tiene en si mismo el éxtasis de la desesperanza. Un sentimiento con el cual estamos acostumbrados a convivir, que nada tiene que ver con la soledad, porque este sentimiento nos convierte en seres desolados. Y la desolación nos convierte en víctimas y deshacerse del sentimiento de ser la víctima es algo tan dificultoso para el ser humano como deshacerse de un vicio.
Mientras somos las víctimas la atención de los demás está sobre nosotros. Cuando este ciclo se cierra, cuando dejamos de ser víctimas perdemos el centro de atención y el ego deja de estar en el centro. Y eso al ego le duele demasiado, entonces el dolor lo reconvierte en víctima y es como una espiral descendente e infinita que nos impulsa y nos expulsa.
Y es así como terminamos destruyendo lo mismo que construimos, y así expulsamos de nuestras vidas a nuestra alma gemela, y así permanecemos en pugna, en una búsqueda ilusoria de un ser inexistente que nos pueda completar. La búsqueda de una mitad perfecta para una mitad absoluta y definitivamente imperfecta es una estupidez tan grande como intentar tirar una manzana hacia arriba y desear que quede pegada en el techo.
Cuando comprendí que me había equivocado en casi todo lo que había hecho en mi vida, era realmente tarde. Quise dejarlo escrito aunque más no fuera para alguien. Alguien que a simple vista me resultara especial. Simplemente un día paré frente a este local, te ví y creí que tal vez, por única vez en mi vida, acertaría en algo.
Se que las experiencias son personales e intransferibles, pero tal vez esta vez, y por única vez.... me ayudes a quebrar la maldita regla.
Cuando encuentres tu alma gemela, no la desperdicies, es una oportunidad única. Relee mi carta tantas veces sea necesario, que mi paso por este mundo no haya sido inútil depende en parte de tu capacidad para comprender esto que te dejo escrito.
Es imprescindible que comprendas que Todos estamos Atrapados en la misma red, y que solo aquellos que son capaces de analizar la forma en que ha sido tejida pueden salirse de ella. Solo las personas que son capaces de : "Tomar conciencia y comprender".
Dame una oportunidad de que todos mis errores no hayan sido en vano.
Te quiere mucho. "MOTE".
GRAFFITI
LAST LEVEL
Todos estamos atrapados en el ascensor de los sueños.
Todos recorremos la calle Londres en Círculos
La clave es tomar conciencia.
Todos tenemos algo acá que no nos deja ver mas allá.
Todos tenemos un reloj que nos proyecta imágenes.
Somos camino, laberinto, punto de partida y de llegada recorriendo otros laberintos de infinita complejidad.
La vida es una experiencia lisérgica.
Es imprescindible que comprendas que Todos estamos Atrapados en la misma red, y que solo aquellos que son capaces de analizar la forma en que ha sido tejida pueden salirse de ella.
Solo aquellas que son capaces de:
"Tomar conciencia y comprender".
Todos
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María
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